A partir del Edicto de Milán (313) la Iglesia se alejó de las formas solidarias de las primeras comunidades cristianas. El emperador Constantino reconoció entonces, como oficial, esta religión y la utilizó para organizar su Imperio. Compró las voluntades de los obispos, los usó como jueces, aun en causas civiles, y les otorgó poder político. Ambos poderes restringieron, y hasta eliminaron, la libertad de conciencia.
El clímax se alcanzó en el siglo XII, con la creación (papa Gregorio IX) de la “Santa Romana y Universal Inquisición”, para “desarraigar la herejía donde quiera se encontrara”. La recta doctrina fue el arma que el Santo Tribunal utilizaría para fortalecer su poder sobre obispos y reyes, y controlar a los hombres. Reyes y príncipes lo usarían para cercenar derechos, reclamos y libertades de sus ciudadanos. Ni la ciencia escaparía de su efecto devastador, lo prueban notorios casos: Copérnico, Giordano Bruno, Galileo… Extendió su dominio hasta el siglo XIX. Este apasionante libro cuenta esta larga y oscura historia.
Colección: Biblioteca de historia
ISBN: 978-607-7759-07-2
Año de publicación: 2009
Páginas: 384
Formato: 15 x 24
Encuadernación: rústica
Precio: $ 249
